La pobreza y la falta de autocríticas

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En Tucumán cuatro de cada diez personas es pobre. De acuerdo a los últimos datos del Indec en la provincia el 40% de la población no puede cubrir las necesidades básicas, por encima de la media nacional del 35%.

La principal exportadora de limón, la que más azúcar produce, la que tiene palta, frutillas, papa, arándanos, la que cuenta con destacados profesionales egresados de sus universidades, la que concentra en pocos kilómetros una gran cantidad de habitantes. A partir de que se conocieron los datos se dispararon muchas voces al respecto, tratando de justificar por qué o buscando culpables adentro o afuera, dependiendo si se está adentro o afuera.

De acuerdo a datos extraoficiales, porque no existían mediciones que estigmaticen a los pobres, la pobreza en 2.015 era del 28% en Argentina, una cifra que nos alejaba mucho de estar mejor que Alemania, pero que quienes llegaron para llevar esa cifra a la famosa “pobreza cero” no solo no la bajaron sino que la elevaron considerablemente, con una inflación incontrolable y la consecuente pérdida del poder adquisitivo. ¿Alguien hizo autocrítica? No, todo lo contrario. Surgieron las críticas, pero siempre con la culpa hacia el otro. La herencia, lo que se robaron, un PBI que falta, medidas para los ricos, el precio de los servicios es bajo, los combustibles deben subir, no hay que regular nada, hay que regular todo… Dos versiones muy distintas de lo que se debe hacer y de lo que es la realidad. Pero el mismo problema: la pobreza crece.

Hablar del gasto público parece estar prohibido, de los sueldos de funcionarios, de los gastos legislativos o de cómo mejorar la educación, la seguridad y la salud. El debate pasa por quién se hace cargo del IVA, si las medidas son suficientes o si acompañamos o esperamos que todo explote cuando ese 40% pase a sumar al 7% de indigentes.

Asfixiaron a las empresas

La impotencia producto de la aplicación de políticas económicas que se refugiaron mesiánicamente en el monetarismo, que fueron mutando de tiempo en tiempo y a las que se sumó el stand by otorgado por el Fondo Monetario Internacional (el de mayor volumen otorgado en el mundo) cuya puesta en marcha inexorablemente fomentaron la recesión. Por supuesto: la recesión se traduce en inflación, en ausencia de un mercado dinámico de consumo, de deterioro de la producción industrial y de altos costos financieros que son especialmente sofocantes.

¿No se tomó en cuenta que la recesión y la inflación ahorcarían a todas las empresas, las grandes, las medianas y las pequeñas? Hoy muchas han cerrado o se presentaron en convocatoria de acreedores porque no lograron salir de las arenas movedizas de la carga fiscal, el costo financiero y un mercado cada día más chico.

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